16.1.18

Parece

Cada vez que tropiezo con una piedra, caigo y me levanto me digo que no volveré a tropezarme con la misma. Sin embargo mis sentidos defectuosos no me permiten protegerme contra el mismo obstáculo: tropiezo, me caigo y me levanto una y otra vez con las mismas piedras o con algunas con diferencias sutiles pero tan sutiles para mis sentidos que no logro identificar a tiempo que las nuevas me provocarán la misma caída pero una herida más profunda, debilidad e inestabilidad, una pérdida paulatina de mi base de sustentación. 
Siento que voy perdiendo las ganas de seguir caminando cada que me percato tarde de un obstáculo que mis sentidos no identificaron, esto porque las caídas ya son a veces precipicios y las salidas de  ellas son tan laberínticas y borrascosas que a veces parece imposible encontrar el camino de regreso aún cuando lo haya andado antes. Las heridas tardan más en sanar por la fragilidad de mi piel, siendo tan delicada que incluso el roce del viento más noble puede ser una amenaza para ella. Es ahora mi cuerpo casi una cicatriz en su totalidad. Parece que estoy destinada a vivir en la estupidez perpetua y sin cobijo que me robe la frialdad del corazón. Ojalá pudiera hacerme más rápidamente de un abrigo que sustituyera la función del propio que está raído. La lucha es diaria pero puedo decir incluso con orgullo que sigo al pie del cañón tratando de deshacerme de todos estas tormentas que a veces no son por temporadas.


En el paro

Que se desdibuje de la pantalla el trazo tan temido, que el masaje agotador lo reactive, que le lleguen los gases que necesita, que las drog...